A continuación, EIDÔLON – Aristófocles eterno, la colección de crónicas literarias de Alberto Revidiego para cubrir la actividad relacionada con las Artes Escénicas que se desarrollan en los teatros de Sevilla, recogidas en Revista 17 Musas y Mapa Desbloqueado. Y Aristófocles, como eidôlon que es, más fantasma que nunca, participará de esta experiencia. Si quieres conocer en qué consiste este proyecto, aquí tienes la presentación.
CRÓNICA I: “DOS HERMANAS” – Bernardo Rivera, Qué jArte
TEATRO ROMERO SAN JUAN – EIDÔLON, ARISTÓFOCLES ETERNO
24 de octubre de 2026 – 24s d.c. (veinticuatro siglos después de mi cuerpo)
Los nuevos horizontes siempre son bien recibidos. Me descubro apareciendo en el patio de butacas de un teatro ignoto para mí, de preciosos acabados en madera, y un escenario ya formulado bajo unos focos fríos que apenas evidencian la escenografía que llega. Veo que alguien está terminando una entrevista a un joven que me resulta familiar, tiene cara de actor, en eso no me falla nunca el instinto. Entonces salgo al pasillo, deambulo para hacerme al lugar, que resulto leer en la fachada de azulejos rojos como TEATRO ROMERO SAN JUAN y, ante el mismo, un público que se congrega con muchas ganas de asistir a la obra. Veo en carteles y folletos que se representará la obra DOS HERMANAS de Bernardo Rivera, al frente de la compañía Qué jArte (no me fallaba la memoria, ya estuve frente a otra de sus obras y salí encantado).


Tras un breve hilo musical con “Porque te vas” de Jeanette (sutil declaración de intenciones), arranca la obra con un aforo lleno y un entusiasmo que se hace difícil clausurar entre los labios. La obra, protagonizada por el propio Bernardo Rivera, como es habitual, y por Yolanda Fernández, como actriz incorporada al proyecto en este mismo mes (¡y qué actriz!!), hacen un tándem perfecto para desenvolver con cariño y vulnerabilidad una historia de cuidados en la que dos hermanos (dos hermanas, juego poliédrico entre el uso del género de los personajes y la ciudad en la que nace la historia y sus creadores) deben enfrentarse a la situación sobrevenida de velar por la salud e incertidumbre de su madre, recién hospitalizada.
Ambos actores tienen una fuerza en escena tan tangente y voluble que no tuvieron ninguna dificultad para llevar al público de la carcajada hasta el silencio sobrecogido, controlando perfectamente los tempos y la generosa ración de alivio que nos ofrece el humor en los momentos más oscuros de nuestra vida. Uno, que sabe algo tras veinticuatro siglos, aprecia el esmerado detalle con el que se trenzó el texto que interpretan, esos guiños entre personajes, las referencias adecuadas a la edad de cada interviniente, la repetición precisa de alguna frase que encarne personalidad propia y la separación emocional de cada personaje (porque, ojo, aquí estos dos artistas encarnan tres personajes cada uno, incluida una evolución psicológica en el tiempo de algunos de ellos).

Sospecho que, para ellos, sentir en escena esa reacción del público, tan cercana, tan entregada a la risa y al comentario, tuvo que ser un cálido reconocimiento durante el mismo proceso de interpretación. Medalla bien ganada. Por suerte están de gira, mucho más público podrán disfrutar de esta comedia con profundidades y ligerezas, una historia luminosa que nunca te suelta de la mano entre esos desvelos cómplices, que te ofrece esperanza para cuando lleguen esos momentos de niebla mental. Al fin y al cabo, algo tan fácil y complicado como apoyarte en los tuyos y amplificar el humor puede salvar el día, la salud y el futuro.

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