A continuación, PARTITURA PARA EL FUEGO, la colección de crónicas literarias de Alberto Revidiego para cubrir la actividad de la VI Edición de ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST, celebrado del 4 de junio al 18 de julio de 2026, recogidas en Revista 17 Musas. Si quieres conocer en qué consiste este proyecto, aquí tienes la presentación.
ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST
14 de julio de 2026, Plaza de España, bajo media luna
La noche arrancó vibrante, el cielo se abría en posibilidades, respiraba energía por todas partes, porque los mortales tienen la capacidad de conectar su emoción de forma colectiva, de hacer tribu desde un aspecto precioso y primitivo, cuando instauran un encuentro desde la pasión y anoche ese encuentro fue doble: La semifinal de España en el Mundial de fútbol masculino y el conciertazo de FATBOY SLIM. Todo iba a celebrarse en el marco del festival de ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST, por lo que me desplacé hacia allí y pude ver cómo dispusieron sesiones de DJs, pantallas para retransmitir el partido y toda la oferta gastronómica habitual de este evento. Los aficionados a ese deporte y a la música electrónica más funky y sonada desde los noventa estaban que se salían de su propia piel de felicidad pura.

Reconozco que los deportes no son lo mío. En el Olimpo sevillano, yo sería más de lanzamiento de jabalina a los que circulan a toda velocidad en patinete eléctrico, sinceramente, pero entiendo que cuando juegan nacionalidades hay un aliciente especial por ver quién es más talentoso. Spoiler: Esa noche fuimos los españoles, la celebración fue sonada, noche de júbilo, y a mí me pilló desde un lugar muy privilegiado. Haciendo uso de mis poderes, fui convenciendo contra voluntad a los profesionales que vigilaban las zonas más selectas, a fin de que no pasara nadie que no estuviese autorizado, y pude acceder al punto donde mejor se ve y oye un concierto: La mesa donde se controlan luces y sonidos de un concierto. A un dios burlón no se le puede decir no. Desde ese punto pude contemplar los últimos diez minutos de partido, la celebración y los ajustes profesionalísimos entre los sonidistas y coordinadores de que el festival fluyese con naturalidad para los asistentes.


No te haces la idea de la calidad técnica que hay detrás, el meticuloso cálculo que estiran y la precisa comunicación entre ellos, sin perder una sonrisa, un mínimo baile y algún que otro cigarro entre los dedos. Se anunció al artista, se proyectó un telón rojo que se abría y arrancó un concierto que nos vapuleó a base de ritmazos y proyecciones incesantes en las que se flasheaban personalidades de la cultura global (Basquiat, Warhol, Hendrix, una aparición coral de actores y actrices de Hollywood…), ilustraciones personalizadas y videos con IA defectuosamente diseñados a posta. La centrifugadora audiovisual generaba una experiencia de evasión del propio cuerpo, sentías el suelo que se despegaba de las suelas de tus zapatos y cómo la gravedad de los cuerpos celestes atraía gravitatoriamente tus manos al aire.


Hubo hasta tiempo para hacer un guiño en pantalla al equipo de la selección española. Consiguió que le público se agachara y saltara, que cantase «I’m not a sinner», que se les grabara bajo los párpados su emoji sonriente tan ondeado como bandera, así como que bailaran al ritmo de esas figuras recurrentes de bailarines con un ojo gigante en lugar de cabeza. Como dice su lema, que tanto vi en camisetas de los fans, Eat, Sleep, Rave, Repeat. Y ahí íbamos beat tras beat, tras el aliento de Fatboy Slim.



Por mi parte, debo inmortalizar en estas páginas de nuevo a los técnicos de luces y sonidos, con mención especial al profesional que trajo el propio Fatboy Slim, que entre carcajadas constantes, tenía una atención de cirujano y un ritmo frenético sobre su mesa de operaciones, y justo cuando acabó el concierto de unas dos horas, se recostó sobre el respaldo de su silla, agotado, mientras gritaba «my god…!». Por supuesto, hice mi magia, apareció por sorpresa junto a sus mesas de trabajo su cóctel favorito, cuya sorpresa fue asimilada desde el primer sorbo.


Fue una noche memorable, una parada muy especial en mitad del julio sevillano que me alegro muchísimo de haber presenciado en Plaza de España, en el que los conversos de la electrónica volvieron a renovar votos, en los que se cristalizó la celebración del mundial de futbol con una música de primer nivel, y con la conciencia directa del buen hacer de los profesionales que hay al mando de un festival como este. ¡Espero que estés disfrutando de los conciertos porque esta semana se acaba esta sexta edición de ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST y se vienen algunos conciertos muy importantes que no podemos perdernos.

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