A continuación, PARTITURA PARA EL FUEGO, la colección de crónicas literarias de Alberto Revidiego para cubrir la actividad de la VI Edición de ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST, celebrado del 4 de junio al 18 de julio de 2026, recogidas en Revista 17 Musas. Si quieres conocer en qué consiste este proyecto, aquí tienes la presentación.
ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST
1 de julio de 2026, Plaza de España, bajo una luna llena
Pocos conciertos he podido disfrutar en este inmenso festival de ICÓNICA SANTALUCÍA SEVILLA FEST que hayan tenido un aforo tan lleno y bien controlado por la organización. Literalmente el parque alrededor se había plegado hacia los principales accesos, otorgando diferentes vías de entradas para la masa de fans que querían disfrutar esa noche de la música en directo de LENNY KRAVITZ. La fiesta se presumía importante, pero teníamos un enemigo común a sortear todos, esa aplastante calor con la que la noche sevillana estrenaba julio. Un sofoco con el que hago spoiler aquí: Kravitz tuvo serias dificultades para avanzar a través de su setlist debido a esa fatiga ambiental.

Como buen trickster, como buen dios burlón y todopoderoso, hice mis aspavientos habituales para poder evitarme toda la cola de acceso, desplazarme con sigilo entre los puestos de comida, alimentarme con las ofrendas que me regalaban los tenderos (bueno, me regalaban a base de hipnosis, que son buena gente pero no cedían una empanadilla a un dios hambriento… qué tiempos son estos…). Con mi cervecita helada, me escabullí entre ese público agolpado frente al escenario. Ahí el calor te llega por todos los frentes: El aire es una boca de horno, el suelo guarda los rayos del día, los cuerpos expelen su demostración de vitalidad. Lo único que nos secuestró de aquella sensación fue que apareciese la enorme banda de Kravitz junto a su frontman y arrancasen con Bring It On. A partir de ahí, las voces volaron más allá de los abanicos. Los músicos lo apreciaron pero también evidenciaron el enorme esfuerzo de aquellos fans, por lo que no dejaron de agradecer su presencia entre canción y canción.


What the…. Are we saying?, Always on the run, Stillness of heart, Honey… el repertorio fue ondeando entre temas melódicos y algunos más rockeros, siempre con esa seducción de funk y pop entre líneas, algo que era directamente transmitido al juego de caderas de Kravitz frente al micrófono. Le encanta a Lenny eso de tomar el micro con una mano y bailarle muy de cerca, me pareció graciosísimo, con la proyección de estrella en el escenario que genera cierta sensualidad. Todo hay que decirlo, ni él ni yo ya saltamos mucho, y si tenía que desplazarse por el escenario era a paso lento, como degustando el trayecto (o tratando de no desmayarse con la calor). Algunos entre el público pedían que se quitara la camisa, otros reconocían que esas rastas no estaban preparadas para el picor del sol sevillano.

Me pareció que se abusó un poco de los silencios y comentarios al público, como que realmente había muchas pausas entre canciones, como si rellenase tiempo, y eso se magnificaba cuando estabas en pista, rodeado de cientos de personas, toda una masa vibrante y calurosa. Es cierto que a veces tomaban carrerilla, metían dos o tres temas seguidos, pero luego caían en paseos o instrumentales solitarias mientras Lenny volvía a hablar en ese spanglish suyo (bravo por el esfuerzo). Al final de alguna canción llegó una sorpresa, un quejío que poco tenía que ver con su música, pero que marinó bien, verbigracia del invitado sorpresa y su talento: Apareció Israel Fernández y cantó sobre la electrónica de una instrumental de forma perfectamente enzarzada, acompañado de un músico en cajón flamenco que… sinceramente, no se le escuchaba. Una pena, pero es que la apuesta fue muy arriesgada, no obstante, fue de agradecer esa mezcla. Algo de aire fresco. También confieso que pensé que ojalá hubiese sido algo de una canción entera y no sólo del último minuto, casi la aparición de un cometa.

Si me preguntasen mi parte favorita (¿cuál fue tu parte favorita, Vilama? ¡Oh, qué inesperado, déjame pensar!), diría sin duda la trilogía que se marcaron sin cortes justo antes del descanso final, protagonizada por el cover de American Woman, y sus temas Fly Away y Are You Gonna Go My Way. Ahí llegó, por fin y para mí, el subidón de energía, la estabilidad que te hacía saltar bajo esa noche de luna llena, canciones rockeras con un fuerte músculo vocal. Aunque reconozco que todo el concierto estuvo salpicado de momentazos, ya sea con la batería brutal que llevan, ese bajista que aplasta cada nota con gran precisión o ese guitarrista vestido tan setentero, quien se marcó solos de guitarra bellísimos en una gran mayoría de temas.

Para mí ese fue el verdadero final del concierto, porque luego hicieron una pausa (tan típica de conciertos, por otra parte), de la que tardaron en volver y sólo fue con intención de cantar una única canción, Let Love Rule, una melodía suave, con intención de crear una atmósfera de paz y amor, aprovechando así para bajar y saludar a fans, pero que en efectos práctico era como escuchar la música que ponen en los créditos de una película, algo que se va desinflando antes del adiós final, y hubiese preferido un final por todo lo alto. Quizás, no siendo música, pero sí un dios melómano, la banda tendría que haber leído al público y el ambiente, y con la calor que hacía proponer un setlist mucho más rápido y animado para distraer de esa lucha atmosférica, puesto que las canciones largas y lentas acaban sedimentando en sensaciones de cansancio. También hubiese acabado con fuerza, en lugar de planear hasta el apagado de los focos con suavidad. Pero cada banda tiene su personalidad y apuesta, los fans salieron contentos y eso es lo que importa. La organización intentó conducir a la masa, separando el flujo de gente para llegar a una misma salida, pero poco tardó en desbordarse todo, pues se antojaba sinsentido algunos rodeos. No obstante, me encanta que la gente fuese tan respetuosa, la experiencia tan colectiva y tener de nuevo la oportunidad de vivir una noche icónica en un lugar tan emblemático como es la Plaza de España.


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